Los resultados de la OCDE muestran nuevas caídas en Lectura y Matemática respecto de 2022 y confirman una tendencia que comenzó antes de la pandemia. Al mismo tiempo, Chile conserva fortalezas en Ciencias y en la relación de los estudiantes con sus docentes. El desafío vuelve a situarse dentro de las aulas: cómo recuperar aprendizajes, reducir las brechas y preparar a los estudiantes para aprender en un escenario marcado por la digitalización y la inteligencia artificial.
El 8 de septiembre pasado, la OCDE dio a conocer los resultados de PISA 2025, evaluación que cada tres años mide las competencias de estudiantes de 15 años en Lectura, Matemática y Ciencias. En esta edición participaron más de 760 mil estudiantes de 91 países y economías. En Chile, la evaluación fue rendida por 6.574 estudiantes de 222 establecimientos, una muestra representativa de aproximadamente 248 mil jóvenes de esa edad.
PISA 2025 tuvo como dominio principal Ciencias e incorporó, además, una nueva evaluación sobre aprendizaje en el mundo digital, que busca conocer cómo los estudiantes utilizan herramientas digitales para construir conocimiento y resolver problemas.
Para los establecimientos educacionales, los resultados ofrecen una mirada que va bastante más allá de la posición de Chile frente a otros países. Permiten observar tendencias de largo plazo, diferencias entre grupos de estudiantes y algunas condiciones en las que ocurre el aprendizaje.
Los resultados de Chile: liderazgo regional, pero bajo el promedio OCDE
Chile obtuvo 442 puntos en Ciencias, 436 en Lectura y 403 en Matemática, ubicándose por debajo del promedio de la OCDE en las tres áreas, que alcanzó 482, 461 y 463 puntos, respectivamente.
El resultado debe leerse en dos dimensiones. Por una parte, Chile mantiene un desempeño superior al de la mayoría de los países latinoamericanos participantes. Por otra, la distancia con los sistemas educativos de mayor desempeño internacional continúa siendo considerable.
En Matemática, por ejemplo, solo el 41% de los estudiantes chilenos alcanzó al menos el Nivel 2 de desempeño, frente al 65% promedio de la OCDE. En Lectura, la proporción fue de 62%, frente al 69% de la OCDE; y en Ciencias, de 63%, frente al 74%.
El Nivel 2 es considerado un umbral de competencias fundamentales. En Matemática, supone, entre otras capacidades, poder interpretar y reconocer cómo representar matemáticamente situaciones sencillas de la vida cotidiana.
Pero los resultados no muestran solo dificultades. Un 88% de los estudiantes chilenos señala que sus profesores los ayudan en su aprendizaje, frente al 75% promedio de la OCDE. También un 86% declara que sus docentes muestran interés por su aprendizaje, según los datos difundidos por la Agencia de Calidad de la Educación.
La OCDE también registra en Chile niveles de curiosidad y perseverancia superiores al promedio internacional. Por ejemplo, el 69% de los estudiantes declara que termina aquello que comienza, frente al 61,2% promedio de la OCDE.
Una caída que no comenzó con la pandemia
La principal señal de alerta está en la evolución de los resultados, tal como ha planteado el Centro de Investigación Avanzada en Educación de la U. de Chile, CIAE.
Respecto de PISA 2022, Chile cayó 12 puntos en Lectura y 9 puntos en Matemática, variaciones estadísticamente significativas. En Ciencias, en cambio, el resultado se mantuvo estable.
La mirada de largo plazo es todavía más relevante. Entre 2015 y 2025, Chile perdió 21 puntos en Lectura y 19 puntos en Matemática, mientras que Ciencias se mantuvo relativamente estable. En Matemática, los 403 puntos de 2025 constituyen el resultado más bajo registrado por Chile en las últimas dos décadas.
La tendencia tampoco es exclusivamente chilena. En el promedio de la OCDE, entre 2015 y 2025, Lectura cayó 28 puntos y Matemática 22 puntos. La propia OCDE advierte que el deterioro de los aprendizajes ya era visible en numerosos sistemas antes de la pandemia.
Esto obliga a evitar una explicación única. La pandemia aparece como un factor relevante, pero los resultados también apuntan a desafíos estructurales que anteceden al cierre de las escuelas.
Las brechas están también dentro de las salas de clases
Uno de los hallazgos que más interpela a los establecimientos es la distribución de las diferencias de aprendizaje.
Según el análisis del CIAE, aproximadamente 70% de las diferencias de aprendizaje en Chile se produce al interior de los establecimientos y no entre ellos. Es decir, las diferencias entre colegios explicarían alrededor del 30% de la brecha, mientras que una proporción mucho mayor se encuentra dentro de las propias comunidades escolares.
El dato cambia el foco de la discusión. No se trata únicamente de comparar establecimientos con distintos resultados, sino también de preguntarse qué ocurre dentro de cada sala de clases y qué condiciones permiten que estudiantes con características diferentes alcancen aprendizajes de calidad.
También se observa una reducción de la desigualdad asociada al nivel socioeconómico en Ciencias. En 2013, este factor explicaba el 23% de las diferencias de aprendizaje en esa área; en 2025, la proporción bajó al 11%, cercana al 12% registrado en promedio por la OCDE.
Sin embargo, este dato requiere una lectura cuidadosa. Investigadores del CIAE señalan que la disminución se relaciona principalmente con la mejora de los estudiantes de menor nivel socioeconómico, mientras que los grupos más favorecidos mantuvieron sus resultados en el período reciente. Otros análisis, como el de Acción Educar, han interpretado esta convergencia como una posible “nivelación hacia abajo”. Esta última es una interpretación y no una conclusión establecida por PISA.
¿Qué puede explicar los resultados?
No existe una sola explicación y los análisis publicados después de la entrega de resultados ponen sobre la mesa distintos factores.
-La pandemia y la recuperación de aprendizajes
El cierre de establecimientos y la interrupción de las experiencias presenciales de aprendizaje tuvieron efectos relevantes, pero su impacto no parece haber sido homogéneo. Investigadores del CIAE han advertido que la recuperación ha sido más lenta en enseñanza media que en los niveles iniciales.
La propia evolución de PISA muestra, sin embargo, que parte del retroceso ya estaba presente antes de 2020. Por eso, más que explicar los resultados exclusivamente por la pandemia, el desafío es distinguir entre los efectos de la interrupción escolar y problemas estructurales que requieren respuestas de más largo plazo.
-Currículum, enseñanza y desarrollo profesional
Otra línea de análisis apunta a la capacidad de los sistemas escolares para desarrollar habilidades complejas: comprender, interpretar, relacionar información, argumentar y resolver problemas.
Esto resulta especialmente relevante porque PISA no evalúa la reproducción de contenidos específicos del currículum chileno, sino la capacidad de utilizar conocimientos y habilidades para resolver situaciones nuevas y complejas.
-Lectura en un entorno digital
La caída en Lectura abre además una discusión sobre cómo están leyendo los adolescentes.
La OCDE advierte que el deterioro de la lectura comenzó antes de la pandemia y que, entre 2018 y 2025, casi se duplicó la proporción de estudiantes que realizan una lectura rápida pero imprecisa. El informe relaciona estas tendencias con cambios en los hábitos de lectura y una mayor exposición a entornos digitales, aunque no establece una relación causal simple.
-Tecnología e inteligencia artificial: una nueva pregunta para las aulas
La última versión de PISA incorpora por primera vez información específica sobre el uso de inteligencia artificial en el trabajo escolar. En Chile, 51% de los estudiantes declara utilizar chatbots de IA al menos una vez por semana para ayudarse a aprender. Un 33% los utiliza para resumir textos que debía leer y otro 33% para redactar trabajos.
Los datos requieren cautela. La OCDE observa que quienes utilizan IA para tareas específicas como resumir textos o realizar investigaciones preliminares obtienen, en promedio, resultados más bajos que quienes no la utilizan. Pero esto no demuestra que el uso de IA provoque un peor desempeño: pueden intervenir factores relacionados con el tipo de estudiante, la frecuencia y la forma en que se utiliza la herramienta.
La conclusión más interesante para las comunidades educativas parece estar precisamente ahí: el debate no es simplemente tecnología sí o no, sino para qué, cuándo y cómo se utiliza.
Algo similar ocurre con los dispositivos digitales. En Chile, 48% de los estudiantes señala que sus compañeros se distraen con dispositivos durante la mayoría o todas las clases de Ciencias, frente al 28% promedio de la OCDE. Al mismo tiempo, el uso moderado de dispositivos con fines de aprendizaje aparece asociado a mejores resultados, mientras que el uso recreativo y la distracción se relacionan con peores desempeños.
El desafío está en elevar el piso sin limitar el techo
Los resultados muestran un doble desafío. Por una parte, una proporción importante de estudiantes no alcanza las competencias consideradas fundamentales. En Matemática, el 59% se encuentra bajo el Nivel 2; en Lectura, el 38%; y en Ciencias, el 37%.
Por otra, Chile tiene una presencia muy reducida de estudiantes en los niveles superiores de desempeño. En Matemática, por ejemplo, casi no hay estudiantes que alcancen los niveles 5 o 6, mientras que en Lectura solo un 2% llega al Nivel 5 o superior, frente al 6% promedio de la OCDE.
La discusión, entonces, no se limita a recuperar a quienes están más rezagados. También implica generar condiciones para que quienes tienen mayores niveles de desempeño puedan seguir avanzando.
De los resultados a las decisiones de cada establecimiento
La respuesta institucional se ha orientado hacia la recuperación y el monitoreo de aprendizajes. La Agencia de Calidad ha relevado la importancia de utilizar herramientas de evaluación para conocer con mayor precisión dónde se encuentran los estudiantes y orientar las decisiones pedagógicas.
En este contexto, el Diagnóstico Integral de Aprendizajes (DIA), de la misma Agencia, ofrece a los establecimientos una herramienta de uso voluntario para monitorear aprendizajes durante el año y apoyar la planificación de los equipos directivos y docentes. Actualmente contempla evaluaciones en áreas como Lectura, Matemática, Ciencias Naturales y Escritura.
La discusión que deja PISA es, por tanto, menos sobre una cifra aislada y más sobre la capacidad de los sistemas escolares para detectar tempranamente las brechas, intervenir de manera oportuna y monitorear si esas intervenciones efectivamente producen aprendizaje.
Un desafío que ocurre en las aulas
PISA 2025 deja a Chile en una posición que combina fortalezas y alertas.
El país mantiene un desempeño relativo favorable dentro de América Latina y aparecen señales positivas en dimensiones como el vínculo entre estudiantes y docentes, la curiosidad y la perseverancia. Al mismo tiempo, Lectura y Matemática muestran una trayectoria descendente que se extiende más allá de los efectos inmediatos de la pandemia.
Los resultados también muestran que las brechas no se explican solamente por las diferencias entre establecimientos: una parte importante ocurre dentro de las propias aulas. Y, mientras la inteligencia artificial y las herramientas digitales comienzan a formar parte habitual de la experiencia escolar, las comunidades educativas enfrentan una pregunta adicional: cómo incorporar estas tecnologías sin reemplazar los procesos cognitivos que permiten comprender, analizar y aprender.
Más que una respuesta única, PISA entrega evidencia para volver a las preguntas fundamentales de la gestión educativa: qué necesitan aprender los estudiantes, quiénes están quedando atrás, qué estrategias están funcionando y cómo saber, con evidencia, si están aprendiendo.
Ese desafío no se juega solamente en los resultados de una evaluación internacional. Se juega, todos los días, en las decisiones que toman los equipos directivos, docentes y comunidades educativas dentro de cada establecimiento.