El Ministerio de Educación ha publicado datos que confirman una tendencia de recuperación post-pandemia en el sistema escolar. La tasa de desvinculación (abandono) escolar del año 2024 alcanzó un 1,3%, la cifra más baja registrada en los últimos 15 años y un indicador que refleja la estabilización del sistema tras la crisis sanitaria.
Sin embargo, junto a esta noticia positiva, el ministro Nicolás Cataldo relevó un desafío emergente que impacta directamente en la gestión de los establecimientos: un aumento en la desvinculación en segmentos socioeconómicos altos, fenómeno que atribuyó no a la desescolarización, sino al auge del homeschooling y a una creciente “desconfianza en la institución escolar”.
Las cifras claves de la recuperación
El Centro de Estudios del Mineduc (CEM) reportó que, si bien 40.063 alumnos dejaron el sistema en 2024, esta cifra representa una disminución de más de 10.000 estudiantes en comparación con 2022, cuando la tasa fue del 1,7% (50.814 casos).
El análisis de los datos arroja tres puntos clave para la gestión:
- Mejora Sostenida: La tasa de 1,3% es la más baja desde 2010 e incluso supera el mínimo histórico de 2018 (1,4%).
- Impacto en Sector Público: La educación pública ha liderado la mejora, reduciendo su tasa de desvinculación en un 20% en solo dos años (de 1,9% en 2022 a 1,5% en 2024).
- Avance en Vulnerabilidad: Los quintiles de menores ingresos alcanzaron sus mínimos históricos de abandono (1,30% en Q1 y 1,33% en Q2).
- Aumento de la Revinculación: Paralelamente, en 2025 se logró el retorno de 18.442 estudiantes que habían abandonado el sistema en 2023, lo que representa un aumento del 14% en la tasa de revinculación respecto al año anterior.
El Doble Desafío: Retención y Confianza
El ministro Cataldo atribuyó los buenos resultados al “trabajo de profesores, equipos directivos y familias”, reconociendo el rol crucial de las comunidades educativas en la implementación de políticas de reactivación y acompañamiento.
Sin embargo, la autoridad puso el foco en un desafío que trasciende la vulnerabilidad. El aumento del homeschooling en sectores de mayores ingresos, si bien minoritario, enciende una alerta sobre la percepción del valor institucional de la escuela.
“No me gusta este fenómeno”, señaló el ministro. “La escuela cumple muchos más roles: allí se aprende, pero también se socializa y se forman vínculos fundamentales. Me preocupa porque detrás de esto hay desconfianza en la institución escolar”.
Este fenómeno plantea un nuevo reto para los sostenedores y directivos: la gestión ya no solo debe centrarse en la retención y la asistencia, sino también en el fortalecimiento de la confianza y la propuesta de valor de la institución frente a modalidades alternativas.
Pese a los desafíos de seguridad que preocupan a la opinión pública, el ministro fue enfático en defender el rol del establecimiento: “La escuela sigue siendo el lugar más seguro donde tener a nuestros hijos, más seguro que la calle, y en muchos casos más seguro que en los propios hogares”.
Estas cifras, si bien alentadoras, confirman que el trabajo de los equipos de gestión es fundamental no solo para recuperar los aprendizajes, sino para consolidar a la escuela como un espacio insustituible de desarrollo y cohesión social.