¿Por qué, a pesar de los discursos y las inversiones tecnológicas, la innovación real sigue siendo la excepción en las escuelas chilenas? Una reciente columna publicada en CIPER Chile por la experta en liderazgo educativo, Angélica Beltrán Rojas, pone el dedo en la llaga: el problema no es la falta de ideas, sino un diseño estructural que prioriza la supervivencia por sobre la transformación.
En su análisis, la autora sostiene que el sistema educacional chileno impide la innovación educativa debido a la fragilidad de las condiciones basales. Bajo una presión institucional permanente, las culturas laborales de los colegios tienden a protegerse del riesgo en lugar de promover cambios, priorizando la “supervivencia cotidiana” por sobre la reflexión pedagógica.
No es resistencia docente, es supervivencia
Uno de los puntos más lúcidos de la columna es la defensa del rol docente frente a la crítica habitual. Beltrán explica que la resistencia de los profesores no nace de la falta de voluntad, sino que es un síntoma de un sistema que exige más de lo que ofrece. Innovar es “emocionalmente riesgoso” cuando no hay tiempo para planificar, existe temor al error y la burocracia desgasta.
Para que exista innovación real, se requieren cuatro elementos que el sistema hoy no asegura: reflexión, ensayo, retroalimentación y estabilidad.
El rol del Liderazgo Directivo
La publicación destaca que la innovación no es sinónimo de comprar tecnología o dispositivos, sino de modificar la cultura interna, una tarea que recae directamente en los equipos directivos.
Según estudios internacionales citados por la autora, cerca del 25% del impacto en los aprendizajes depende del liderazgo directivo. Esto no se logra mediante el control, sino creando condiciones donde la pedagogía sea el centro: tiempo protegido, foco estratégico y un clima de seguridad psicológica.
Innovación y Convivencia: Un vínculo indivisible
Un hallazgo clave para los gestores escolares es la relación directa entre metodologías activas y clima escolar. La evidencia de la OECD demuestra que los establecimientos que integran trabajo colaborativo presentan menores índices de violencia y un clima emocional más estable. Como señala la columna: “Innovar no solo impulsa resultados académicos: ordena emocionalmente la vida escolar”.
Un desafío estructural
El texto concluye con un llamado urgente: la innovación educativa no es un lujo ni una estrategia cosmética, sino una urgencia social. Sin embargo, esta no avanzará mientras las escuelas enfrenten en soledad problemas que son estructurales.
Para Numerus, este diagnóstico refuerza la importancia de apoyar a los colegios en la gestión eficiente de sus recursos y tiempos. Como indica Beltrán: “Cambiar el modelo significa dejar de pedir milagros pedagógicos y empezar a construir condiciones reales para que el cambio ocurra”.
👉 Puedes leer la columna completa en CIPER Chile aquí.
*Fuente: Beltrán Rojas, A. (2025). Innovación educativa y la resistencia en los colegios. CIPER Chile.